Bizcocho de Kit Kat

“Un bizcocho sin harina” fue lo primero que pensé al ver esta receta (seguramente existan mil más, pero para mi ha sido el primero). O lo mismo se ha olvidado en la receta original (jaja), no se, el caso es que así está bueno. La verdad es que yo no definiría exactamente como un bizcocho, pero tiene tanto éxito que le podemos perdonar el nombre. “Viste” (de vestir…) más que un bizcocho de desayuno o merienda, a mi me pega como postre (además de los socorridos, de los camaleónicos, que te sirven tanto para un cumple infantil como para una cena de navidad).

De esta receta me gustan tres cosas. La primera, su éxito, que ya lo he dicho. A mi personalmente no me apasiona. Pero no me apasiona el dulce en general, por lo que soy muy exigente (o muy particular) a la hora de ser fan de un dulce en concreto. Pero en mis círculos gusta mucho.La verdad es que es original, no es la típica tarta o bizcocho…

La segunda, su sencillez: ingredientes fáciles de encontrar y muy asequibles. Vamos, que si te decides a hacerlo a última hora, vas un momentito a la tienda y solucionado (tampoco requiere de un reposo posterior largo, simplemente enfriado. Además es muy versátil. Si ya de por sí gusta a los amantes del chocolate, imagínate si cambiamos el chocolate Nestlé Postres Intenso por otro que nos guste más. Y no te digo nada si dejamos volar la imaginación a la hora de decorarlo….porque realmente lo único que tiene de “kit kat” es la decoración. Pero se me ocurre sustituirlo por bolas de tres chocolates del mercadona rellenas de cereales y….uhmmm…delicious!. También da mucho juego en cuanto a la decoración de las porciones individuales (sólo con las barras de kit kat ya queda chulo, pero le puedes añadir unas hojas de menta, algún fruto rojo fresco o cualquier cosa que se te ocurra ya que estos colores destacan con el del chocolate negro). Aprovecho ahora que estoy hablando de la decoración, para decir que yo las barritas de kit kat las coloco justo cuando saco el bizcocho del horno. si lo hago antes, se me hunden demasiado y tengo que poner otras encima, por lo que resulta cargante. Y si lo hago mas tarde, el bizcocho se enfría y no puedo hundirlas.

Y la tercera cosa, para mi la más importante de todas: su textura y aroma. Yo derrito el chocolate a fuego muy bajo (en vitrocerámica) dando vueltas con cuchara de madera. Mezclo y monto los ingredientes con varillas eléctricas de una batidora normal y lo horneo en un molde metálico rectangular desmoldable con un a base un poco mas ancha que la base de una caja de zapatos corriente. Unto el molde de mantequilla y le rocorto un rectángulo de papel vegetal del tamaño de la base (que “pego” con la mantequilla al fondo del molde porque sino luego no hay quien saque las porciones sin que se rompan) y le pongo tantas barritas de kit kat como porciones individuales quiero sacar. Normalmente le doblo los ingredientes del bizcocho para que me quede más alto, ya que mi molde es grande

Pero ¿qué tienen que ver estas indicaciones con a textura y el aroma? Para mi esta es una receta fácil pero, como muchas en repostería, hay que hacerla con mimo. Y yo a ésta en concreto, le pongo mas mimo de lo normal, porque cuanto más lo hago, más agradecida es en cuanto a texturas y aromas durante su elaboración y degustación. Y es que  es un placer para los sentidos desde que te pones a cocinar: el olor a chocolate que inunda la casa y, si me apuras, el portal; la textura cuando lo fundes: cremosa, brillante…; el merengue, la delicadeza con la que vas incorporando los ingredientes de la masa final para conseguir una textura semi cremosa, semi espumosa; ver como se van mezclando los colores;comprobar como va subiendo dentro del horno y saber que está listo en ese momento exacto el el que el horno empieza a emitir un intenso aroma a chocolate y tu te asomas por el cristal y piensas que tanto su color como su textura (esponjosa) son perfectos (cuidado no se te queme, que es chocolate). Si durante toda la receta estás concentrad@ tanto en las texturas como en los aromas, además de ser un auténtico deleite para los sentidos, sabrás exactamente cuando esta “listo” cada paso. Porque las texturas de este dulce hablan por si mismas cuando las consigues.

Aquí os dejo el enlace a la receta original y la foto de cómo me ha quedado a mi :

Bizcocho de kit kat

El Renacimiento

He llegado a un punto de mi existencia, en el que todo me parece cómico. Cuando era pequeña me gustaba ver series en la tele, comedias americanas  si no recuerdo mal. Y ahora que soy una adulta, creo que reproduzco inconscientemente esos capítulos en mi existencia cotidiana. Y esto, entre otros miles de cosas, me resulta cómico.

Nunca me han gustado las normas, siempre he sido rara, fuera de lo común, para bien y para mal. Y me alegro por ello, en realidad siempre he sido una provocadora y no me gusta pasar desapercibida.. Pero ahora concretamente, a día de hoy, me sorprendo de mi misma del extremo al que lo estoy llevando todo. Y eso, me resulta más cómico todavía. Será por las circunstancias, no se, cualquier día dedicaré otra entrada de blog para profundizar en los motivos concretos que me han traído hasta aquí, esos motivos que considero maravillosos porque aquí exactamente es donde quiero estar. Pero hoy prefiero no andarme por las ramas, si acaso me columpiaré en ellas….

Y el punto en el que estoy es exactamente ese: la Vida para mi es Risa, es Luz, es Belleza, Alegría, Amor, Bondad…y el ser humano y el resto del planeta son algo absolutamente extraordinario a lo que debemos cuidar como si se tratara de nosotros mismos. Y en este punto, es donde, si me leyera algún allegado), pensaría “estas son las consecuencias de la marihuana…”. Pues si esto es así, ¡bendita Maria! (si ya lo decía la Biblia…) Y como ya he dicho que soy rarita, he decidido abrir de par en par una ventana virtual a quién quiera formar parte de mi público (porque  las puertas de mi casa, hace ya tiempo que las tengo abiertas). Así, si sus consecuencias a largo plazo son el acabar llena de rastas en algún rincón extraño del planeta, al menos habrá testimonio escrito de todo ello.

Pero si mi propia opinión cuenta, diré que esa no es esa la causa, sólo una más entre mil consecuencias. Consecuencias de haber elegido libremente “caminar siempre hacia la luz”. Y es que esta frase que supongo que habré leido por ahí en cualquier parte lleva resonando en mi cabeza desde hace algo más de un año y eso ha debido provocar que la convierta en mi mantra de manera inconsciente. Sin que ello tenga la más mínima connotación religiosa, lo aclaro. Más que nada para que nadie piense que me he vuelto rematadamente loca, cosa que tampoco debería preocuparme mucho cuando se que ya hay mucha gente que lo piensa.

Y es que un día cualquiera, porque sí, porque cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo (y este ha sido un año muy “ocioso” en el sentido usual de la palabra, aunque a discutir esto bien podría dedicar otra entrada de blog)), un día normal y corriente elegí no creerme NADA de lo que me habían contado. La gente normal elige un coche, una marca de champú,  un piso, un novio (y yo en su momento fui medianamente normal), pero yo ese día decidí elegir la luz. Y elegir la luz, lo bueno, lo bello, lo positivo implica ir cambiando paulatinamente de creencias, de hábitos, de valores, hasta que un día te das cuenta de que TÜ has cambiado sin darte cuenta (que paradojico). Ha cambiado radicalmente tu visión del mundo, tu vida, tu entorno, y con ello TODO LO QUE TE RODEA. Y la vida de pronto se parece más a un cuento, a un chiste, está todo lleno de magia, como si todo si reordenara y la tierra hubiera empezado a girar del revés (otra frase que habré leído por ahí…)

Y ante esta tesitura tienes dos opciones: creerte que el mundo funciona como te han contado (cosa que en mi caso no estaba funcionando y además esta vida es muy corta como para “estudiar” lo que ha dicho todo el mundo en todas las áreas durante siglos de historia y además yo soy muy picaflores) o no creerte nada y empezar a basarte en tu humilde experiencia que es lo que te ha funcionado hasta el momento. Pero esta segunda opción es osada (lo sé, adoro los retos) y extremadamente arriesgada (y aquí es donde piensan lo del batacazo…), Y teniendo en cuenta que yo partía de unas circunstacias “normales” (trabajo, familia, coches, seguros, hipoteca, alquiler y un largo etcetera de responsabilidades) , tienes que saber “jugar muy bien tus cartas” para compatibilizar lo anterior con lo nuevo y hacer las cosas también con cabeza. Y como en ese sentido, mis responsabilidades asumidas en el pasado están más que atendidas y puedo decir que “me sobra cabeza”, también me permito el lujo de aprovechar la circunstancia para afirmar que en mi vida a día de hoy manda el corazón (y por fin veo que no son incompatibles).

Y como estoy tan entusiasmada y ya no abarco tantas cosas, he decidido reunir todo en un único blog. A priori, mi hábito de pensamiento adquirido durante 35 añazos, me sugiere que esto va a ser el caos. Pero ahora ya no tengo miedo a ciertas vocecitas de mi conciencia (o in-conS-ciencia), se que ellas también están alienadas por la costumbre, Y entonces es cuando decido no volver a tenerlo nunca, porque ese miedo no es otra cosa que miedo a nosotros mismos y a nuestras infinitas posibilidades. Hasta ahora había hecho varios intentos de reunir mis aficiones en un sólo blog, SIMPLIFICAR, porque creo que llevo años buscando esto sin darme cuenta a todos los niveles de mi vida. Pero ahora que no lo busco, en este estado REAL de bienestar que implica el “todo podría valer”, es cuando creo que por fin lo estoy consiguiendo.

Por primera vez en mi vida empiezo a ver equilibrio, armonía, una especie de orden extraordinario subyacente a todas las cosas y que tiene poco que ver con lo que hasta ahora me habían dicho. Me lo estoy encontrando sin querer, de sopetón, de la manera más tonta. Y entonces el miedo, el acojone de gritar a cara descubierta sin ocultarte que tú ves el mundo de otra manera y has decidido llevarlo al extremo, se convierte en incertidumbre y tú decides abrazar esa incertidumbre. Y compruebas que te gusta hacerlo, que te sientes fuerte, segura, cómoda, convencida, y entonces no te importa que a estas alturas ya te hayan colgado todas las etiquetas habidas y por haber, porque por fin estás creyendo de verdad en algo y aunque suene a tópico, cuando empiezas a creer, empiezas a crear un mundo en torno a esas creencias nuevas.

Un mundo extraordinario regido por misteriosas leyes también extraordinarias, y que curiosamente funciona con una extraordinaria productividad que a mi juicio no tiene absolutamente nada que envidiarle a la realidad derrotada y moribunda en la que vivimos. Un mundo lleno de seres extraordinarios (aunque muchos no lo sepan), que me gustaría que hicieran este viaje a no se dónde conmigo, para que vieran que así también funcionan las cosas aunque lleven toda la vida haciéndonos pensar lo contrario.

Hasta aquí bien, nada nuevo que no haya hecho nadie hasta este momento, vete tu a saber dónde estaré ya encasillada a estas alturas de el texto. Pero como cada uno somos único y todos tenemos mucho que ofrecer al mundo, yo también voy a hacerlo de cero, en este único blog, desde este momento, a cara descubierta, con nombre y apellidos, con mucha incertidumbre y ningún miedo. Y que salga el sol por donde quiera.

Y tú, Anónimo,  puedes quedarte si quieres, en este Arca de Noa cabe todo, igual que cabe ese otro Anónimo (que pudo ser cualquiera porque ni siquiera le pongo cara) que un día tiró chinitas contra el cristal opaco de la burbuja en la que yo estaba encerrada cuándo empezó todo esto.

Sólo puedo decirte que mi objetivo este 2015 es que todas mis acciones, desde la más simple, vayan orientadas a crear belleza. Porque he dejado de creer en el infierno (en el infierno que todos estamos viviendo, en la decadencia). y he decidido ignorarlo, como si no existiera. Ahora tengo un largo trabajo por delante para transformar mis propias miserias, que esas si que están al alcance de mi mano.Y a ver que pasa. Porque esto  es lo que me hace feliz y a esta vida venimos solo a eso.

“Es necesario reconciliarse primero con uno mismo para poder reconciliarse con el resto del planeta”.

El valor del tiempo

fondo-de-escritorio-celebra_cada_dia1– ¿Quién es Noa? 

– Noa es la que todavía no ha existido. La que nunca fue. En realidad, no se quién es Noa todavía. solo se de ella que será, que será algún día, y qué mejor momento para empezar a ser, que en este precioso (que no preciso) instante.

En realidad Noa solo es un nombre que barajé antes de que naciera mi hija, pero que finalmente no elegí para ella. Noa simboliza para mi (por muchos motivos que no vienen al caso)  lo que está sin estar, lo que aun no ha sido. Igual que todas esas cosas que todavía no hemos hecho.

Cuando no hago algo, siempre le echo la culpa al tiempo. Y me resulta cómico seguir haciéndolo a día de hoy, ahora que se que no existe. Porque siempre estamos pensando en lo que hicimos en el pasado o en lo que todavía nos queda por hacer. Pero nunca pensamos en las cosas que estamos haciendo ahora, en este precioso instante, y ese es el único valor real que podemos darle al tiempo.

Así que dejaré que Noa sea lo que quiera ser a cada momento para que no se me escapen tantos instantes mágicos de esos que vienen fugaces y se vuelven a ir para siempre mientras yo estoy preocupada de que no me da tiempo a hacer tantas cosas que me gustaría hacer.

Los días

Atardecer Asturias

Atardecer Asturias

Los días se sucedían serenos, calmados. Como las agujas de un reloj que hace tiempo que marca las horas a su manera, tunantes, haciendo un guiño a la vida de vez en cuando, cuando apetece, improvisando…

Dejaban un regusto a hogar, a galletas recién horneadas, a risas, a poco a pocos entretejidos con esmero, dibujados en los espacios en blanco, difuminados…

Sabían a té, y olían a café recién hecho. Eran días sin prisas, eran días sin pausas, algunos eran días redondos y otros tenían la forma de los sueños por realizar . Se vestían de gala, se disfrazaban, y si la noche era larga se desnudaban para entregarse al alba como recién nacidos que dejan que el mundo que estrenan les abrace…

Eran días de palabras cautivas qué son liberadas, de mirada distraída y miope, de oídos sordos y mudos, y caricia cálida y aterciopelada que te eriza la piel sin tocarte…

Días de lluvia pero sin nubes, días de sol a medio gas. De incendios que no quemaban. De corrientes que no movían molinos pero se mecían al vaivén del remanso de cualquier río que fluyera bajo los pies descalzos…

Eran el eco de páginas pasadas y libros acabados que quedan en la memoria como un recuerdo dulce. Y después de eso se convierten en lienzos en blanco amenazados con no volver a dibujarse de gris nunca más, sino de todos los colores, como una explosión de vida que te salpica de lleno…

Eran días que habían decidido abandonarse unas horas a las noches de luna llena para poder amanecer de nuevo más intensos,  renovados, como tormentas de luz que lo inundan todo.

Como cometas, como cohetes…como bandadas de gaviotas rasgan la puesta de sol para hacerla todavía si cabe más bella, mas libre, mas nuestra.

Eran días que se llenaban de aire los pulmones para salir corriendo al grito de YA y no soltarlo hasta la meta, dispuestos a ser de nuevo los primeros de la vida que nos queda por celebrar.

Puede

Puede que cuente las noches que pasan y no me detenga en pensar si sumo o resto. Quizá tan solo soy yo, que me estoy dividiendo en un intento de tender a infinito. Y es que me da igual el resultado, para lo que te quiero contar no me hacen falta los números.

Y puede que mi voz haya elegido que solo quiere pronunciar tu nombre y yo no encuentre la manera de contradecirla si ella no se presta. Y que no me atreva ni siquiera a gritarle por miedo a que lo diga aún más alto. Si alguna vez no lo quiero escuchar , bastará con quedarme en silencio , ahora que son tuyos también los susurros.

¿Y qué si mi piel se perdió en tus manos y ya no la encuentra nadie salvo que quieras dejarla libre en una caricia cualquiera…? Ya no la necesito, a estas alturas que ya no me hacen falta los velos, prefiero desnuda.

¿Y qué si te vas a ver que hay al otro lado? Yo te espero en la orilla, a que vuelvas si quieres. Quizá camine para buscarte o quizá no me mueva nunca, eso da igual, sólo espero que tu puedas ver lo que hay al otro lado y vengas a contármelo de nuevo. Pero que esta vez tus pasos te permitan llegar mucho más allá de todas esas rocas…

Luz

A ella, que le gustaba presumir delante de la luna dibujando los lugares que había visitado, se le quedó corta la paleta de colores y le titubearon hasta los pinceles mas osados esa noche. La luna la observaba con una mezcla de condescendencia y ternura, consciente de que aquella mujer no podía escuchar su propia voz esa madrugada porque giraba a tal velocidad que sus oídos no podrían resistirlo.

– Te lo advertí -le dijo la luna- pero hace tiempo que elegiste ser sorda. Ahora que ya eres capaz de oír, quisiera saber por qué has dejado el lienzo en blanco.

– Para explicarlo, necesitaría inventar un lenguaje nuevo -le respondió ella mientras hacía otro intento desesperado de estrellar la mirada contra los confines ficticios de aquel infinito en el que aun no sabia que se había quedado atrapada para siempre. – Era tan fascinante y emitía tanta luz que sólo el color blanco se atrevería a insinuarlo, y muy bajito, con la voz temblorosa, porque sabe que se le queda corta para abarcarlo…

– ¿Y cómo llegaste hasta allí? – le preguntó la luna intrigada y algo nerviosa. El silencio que envolvía a aquella mujer mientras lo narraba, era tan atronador que estaba consiguiendo hacer interferencias con los vaivenes de sus mareas danzarinas. Se preguntó que increíble fuerza era capaz de provocar algo semejante y quiso saber el origen de tanta magia.

– Ocurrió después de haber sobrevolado todos los cielos pensables y haber caído en picado en todos los infiernos. Después de haber desgarrado en jirones la voz que siempre me había servido de guía por extraños laberintos de caos reflejados en ambas caras de una misma moneda. Como una imagen dividida por el espejo que la atraviesa al reflejarse sin poder romperlo. Decidí mandarla callar por primera vez, y el imperativo fue tan categórico que hizo que todo a mi alrededor estallara en pedazos. Me arrastró hacia la nada y me dejó a la deriva susurrándome todas mis lagunas. Y allí, en mitad del silencio, con la realidad hecha añicos bajo los pies y los pies mas en la tierra que nunca, decidí acariciar las señales. Primero fue un eco burlón, salia corriendo de dentro y se me escondía detrás de cada esquina. Y a mi me gustaba perseguirlo, se disfrazaba de todas las cosas y entre una y otra se convertía en sombra.  Al acercarme más se convirtió en un murmullo, como de olas, y decidí asomarme al abismo a través de unos ojos cualquiera, los mas bellos que tuve a mano. Fue tan sólo una pataleta caprichosa del destino, una lotería macabra del azar, que arrojó todas las papeletas en una dirección cualquiera. Pero me acerqué tanto al borde que resbalé sin querer, y en plena caída pude oírlo tan claro que me di la vuelta del revés y pude ver como a mi alma se le ponía la piel de gallina. Y me abandoné a esa caída libre atravesando todos los secretos de la incertidumbre, disfrutando del descenso hasta que estalló una tormenta y empezaron a tronar los latidos. Y yo, que nunca había visto un corazón de cerca pero me lo habían contado, me encontré con el mío en lo más profundo. Entonces simplemente dejé que los lazos invisibles se enredaran en mis alas y no me permitieran remontar el vuelo, estrellándome contra el fondo de mi misma. Me asuste tanto en el momento del impacto que tuve que cerrar los ojos. Y al volver a abrirlos después de haber sido ciega siempre, simplemente le vi delante, sereno…

– ¿Y qué hiciste entonces? -le preguntó la luna fascinada. Aquella mujer parecía tener ligeros indicios del misterio que la tenía atrapada en la noche desde hacía tanto tiempo.

– Le quité las llaves y entré sin su permiso. Y me encontré de golpe con toda la belleza y quise quedarme allí para siempre…

– ¿De qué hablas? Me suena a una especie de mundo fantástico… – hasta la luna, inquebrantable en su magia eterna, la miraba escéptica.

– Exacto. Estando dentro todas las canciones fueron una sola y yo me volví agua fluyendo hacia todas las maravillas que me encontraba a mi paso, que en realidad eran todas una. Le invité a entrar, quería que fuera testigo del mundo que tan celosamente custodiaba, pero en ese momento estaba entretenido jugando con la sombra que su propia luz proyectaba,
sin girarse para mirarla a la cara. Y no había campos, ni bosques, ni mares o montañas. Aquel mundo estaba hecho solo de piel  latiendo al compás de una respiración en mi oído que convertía el aire en caricia. Y todos los muros que había eran de mentira y todas las cadenas podían romperse con un beso…

– ¿Y te permitió quedarte allí?
– Tan solo un instante, pero tan perfecto como para ser eterno.

– ¿Y ahora qué?

– ¿Y eso qué más da? Me basta con haber estado una sola vez para saber que ese mundo existe y él es su dueño. El resto es solo una pregunta sin respuesta porque ahora se que ya está escrita en todas partes, sólo hay que encontrarla cualquier día en cualquier parte, donde quiera que la casualidad la dejara olvidada.

La luna la miró perpleja y se retiró a pensarlo, preguntándose que pasaría si un día decidiera encontrarse con el sol en vez de seguir huyendo, como decidían hacer algunos locos que ni siquiera sabían de lo que hablaban pero lo hacían con tanta energía que parecían saberlo todo. Se preguntó si ella sería capaz de hacer girar la tierra del revés con una fuerza igual de poderosa que la que le había descrito esa mujer tan rara través de un lienzo en blanco en el que podía dibujarse cualquier cosa.

La luna la dejó durmiendo y pudo verle a él bajando las persianas extrañado, pensando que demonios soñaba esa mujer, si es que soñaba algo…

Amanecer (II)

– No me gusta -la miró divertido.

– Pues haberlo escrito tú… – contestó ella gruñendo mientras daba otro trago al café.

“Me voy a ir, que no quiero invadirte…” ¿En serio te atreviste a utilizar esas palabras que eran mías?

Por un momento pensó en tirarle la cuchara a la cabeza. – Son todas tuyas, idiota. Estaba enfadada.

– ¿Enfadada por qué? ¿por que el mar rugía de fondo? – bromeando, le dió un puntapie al libro que ella tenía en las manos, consiguiendo que cayera al suelo y ella le mirara inquisitiva mientras intentaba contener la risa también.

– Te puedes reir todo lo que te de la gana. Es como reírte de ti mismo, tienes que trasmitirle a todo el mundo lo que me trasmites a mi – le dijo en tono jocoso.

En esta ocasión fue él la que la miró sorprendido durante un instante. Ella cogió el libro del suelo y le hizo un gesto burlón antes de ponerse los cascos para que la dejara leer tranquila.

– ¿Te gusta jugar con las palabras eh? – le dijo alzando la voz para que le escuchara mientras le tiraba de un auricular-  ¿Y si no te dejo? Son mias… Además, si hago eso, todo el mundo se enamoraría de mi…

– ¡Claro!, es el objetivo ¿no? – Fue consciente de que no la iba a dejar que continuara leyendo, así que se levantó del sofá de pronto y le tiró las llaves del coche. Él las cogió al vuelo y la miró incrédulo sin reaccionar.

– Vamos, tengo algo que enseñarte…-  Necesito ver el mar y tú tendrás que llevarme… – le dijo guiñándole un ojo.

– ¿¿A las cuatro de la mañana??

– ¿Tienes algo mejor que hacer? – Sabía que ella le estaba hablando completamente en serio.

Él se levantó a regañadientes, se colgó al hombro la funda negra que había dejado sobre la mesa y le recordó que estaba rematadamente loca. Se miró en el espejo del pasillo al pasar por delante y cerró la puerta con cuidado para no despertar a los demás. En ese momento todos estaban durmiendo.