Tic tac

La encontró sentada en las agujas de un reloj, balanceando los pies en el aire.

– ¿ qué haces aquí? – preguntó él.

Ella ni siquiera le miró. Cerró los ojos y empezó a entonar una canción ininteligible. La vio hilvanando secretos a los minutos y cosiendo los minutos a su piel. La observó en silencio mientras desdibujaba las horas grises y las pintaba de colores a su antojo . La vio columpiarse en los segundos, jugar al escondite con la sombra de los días, abrazarse al minutero y bailar al compás de un segundero que giraba del revés, riendo a carcajadas sin motivo aparente.

Y se preguntó quién era aquella mujer tan rara, pero no se pudo quedar a averiguarlo porque llegaba tarde a ninguna parte y no podía permitirse perder el tiempo.

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