La huída

– ¿Donde te crees que vas? – le dijo la puta demacrada q llevaba de copiloto – no se puede huir de un lugar dónde nunca has estado.

– No lo se, me voy. Improvisaré, como tantas otras veces.

– Pero ya no tienes alas.No se puede volar sin alas.

– Pues iré a rastras si hace falta.

– No te quedan fuerzas, y lo sabes. Estás acabada. Mírate. Das pena.

Intentó seguir su consejo, pero no se vio. Se buscó por todas partes en medio de toda aquella desolación, pero solo encontró vacio y ruinas. Y relojes que ya no median el tiempo.

– Para. ¿No ves que no vas a ninguna parte? Eres una estúpida.

– ¿Por qué me haces esto? ¿ Quién eres? ¿Qué quieres de mi?-Aceleró en un intento desesperado de despertar de aquella pesadilla. Tuvo que sortear las ruinas de la carretera para no chocar contra ellas.

– ¿Estás segura de que no sabes quien soy? Haz memoria, nos hemos visto en otra parte. Me conoces tan bien como yo a ti. Nadie más nos conoce en realidad.

– No se quien eres. No te he visto en mi vida.

La puta sonrió con condescendencia.

– Acelera. Siempre te ha gustado la velocidad, aunque ahora posiblemente ni lo recuerdes. He venido a salvarte, pero será la última vez. ¿Has aprendido la lección?

– No se de qué me estás hablando. Vete. No quiero seguir escuchándote.

– Sabes perfectamente de lo que te hablo. Deberías estar agradecida de que aun siga aqui. Nos vimos cuando estabas al otro lado.

– ¿Qué lado? ¿de qué me estás hablando?

– El lado donde todas las lágrimas son mentirosas, donde los te quiero son sicarios disfrazados de sentimiento. El lado donde el deseo egoísta esclaviza los principios. Tú pertenecías a ese lado.

– Mientes.

La puta soltó una carcajada. Ella intentó encenderse un cigarrillo para controlar los nervios, pero aquel mechero tampoco tenia gas. Lo arrojó con furia sobre el salpicadero. La puta lo cogió y le ofrecio fuego. Ella volvió a mirarla a los ojos sorprendida. ¿ Quién era aquella mujer? ¿Y cómo habia llegado hasta allí?

No entendía nada. No podia más. Estaba cansada de luchar y se rindió.Esta vez sabía que la desesperación y la impotencia le habian ganado la partida. Soltó el volante, pisó el acelerador a fondo y cerró los ojos, esperando el impacto certero contra alguna de aquellas ruinas que habia sorteado desde el principio de su viaje a ninguna parte. Deseó aquel choque con las pocas fuerzas que aun conservaba su corazón mutilado, lo deseó con toda su alma herida, lo deseó con una furia salvaje salida de algún rincon desconocido de aquel cuerpo maltrecho. Esperó aquel golpe con las mismas ansias que el muerto de sed espera el agua. Pero no ocurrio nada.

Entonces abrió los ojos. Se miró en el espejo del copiloto y se arregló el pelo. – Menudas pintas tengo – pensó-Parezco demacrada, voy a tener que cuidarme más- Soltó el mechero que tenía en la mano y miró sorprendida al asiento del conductor. Se preguntó de quien sería el cadaver de aquella mujer con la cabeza sobre el volante y cómo había llegado hasta allí. Sus rasgos le resultaban familiares. Abrió la puerta y bordeó el vehiculo. Le quitó el cigarrillo de la boca y al tocarla aquella mujer se volvió cenizas. Por un momento dudo de si la había visto de verdad, pero eso no le preocupaba ahora. Tenía que averiguar cómo habia llegado hasta allí y por qué no recordaba nada.

Cogió el volante y aceleró. Recordó que algún día le había gustado la velocidad. Miro por la ventanilla y sonrió. Fuera hacía un sol espléndido. Decidió volver. Necesitaba que alguien le contara donde había estado todo este tiempo.

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