Pégame

-Pégame…- Ella clavó los ojos en los suyos, desafiante. Pudo ver un destello de ira en los de él.

– Estás loca, ¿qué dices?

– Que me pegues, pegame. -Su voz sonaba quebrada, como una mezcla de deseo furioso y ruego.

-Sabes que no voy a hacerlo, cállate. – Pero ella sabía que no estaba diciendo la verdad.

– Callame tú. -Le vio torcer el gesto con una sonrisa sarcástica, pero continuó clavando los ojos en los suyos. – Eres un gilipollas.

-¿Por qué me insultas? ¿Eres tonta o que te pasa? Me tienes muy harto.-Su tono comenzó a subir, pero ella quiso adivinar en su mirada que mentia de nuevo.

– Te insulto porque me da la gana. Eres un gilipollas. Pegame si tantos cojones tienes. -Empezaba a notar que se le secaba la boca. O lo hacía ya o se vería obligada a salir corriendo de allí para irse a llorar a una esquina. No quiso seguir pensando en eso, prefirió recrearse en el hormigueo que la actitud de él empezaba a provocarle entre las piernas – Te odio, eres un cabronazo.

– ¡Que te calles ya, joder! ¿Se puede saber que te pasa? No te aguanto…

Su grito sonó impertinente, y nuevamente notó que no habia podido ocultar una pincelada de desesperación en su voz. Ella le sacaba de sus casillas. Se levantó dispuesto a marcharse, pero entonces ella le agarró de la muñeca y le obligó a girarse. Sus manos eran firmes, estaban frias y le presionaban de esa forma que estaba empezando a resultarle ya familiar. Ella utilizó el brazo por el que le tenía agarrado como punto de apoyo para incorporarse de aquella cama que conocia tan bien y pegar su cuerpo al de él quedandose a escasos centimetros de su boca. Tenía las manos frias, pero podía sentir el calor que emanaba su cuerpo cuando se acercó. Intento besarle la boca, pero él se apartó como tantas otras veces. Ella ignoró su rechazo y terminó alcanzando sus labios. Se vio obligado a agarrarla de la mandibula con firmeza para obligarla a apartar la boca de la suya.

– No me hagas esto… -cuanta más fuerza hacia ella para intentar q él soltara su cara y alcanzar a besarle, más se hundian los dedos de él en sus mofletes. Quiso sentir esos dedos en otra parte.

(continuará)

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